Fregocles y la desinfección del Olimpo

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¡Fregocles premio al Mejor Juego en el certamen ArtFutura 2006!

Guía completa de Fregocles: El amanecer del ñu (I)

6 d+02:00 junio, 2007 - Guía - Un comentario

Bueno, pues lo prometido es deuda. Tenía que pasar. Después de multitud de mails con dudas de lo más diversas que han sido contestadas personalmente por nuestro maravilloso monito manco entrenado para ello; la turba finalmente ha enloquecido y ha secuestrado a Fred (nuestro monito), demandándonos la definitiva y verdadera guía completa del juego (en este caso, la demo) a cambio de su vida.

Por lo general no negociamos con terroristas de ninguna clase, y mucho menos fans de aventuras gráficas atrancados (son los más peligrosos). Pero el propio Fregocles tiene una relación muy estrecha con Fred, y ha intercedido en este caso concreto. Así que mejor que sea él mismo el que os cuente como consiguió superar el amanecer del ñu.

Nota: Si quieres ver el resto de entregas de la guía de «El amanecer del ñu» puedes consultarlas en la Categoría Guía.

Esta es la primera entrega de un total de cuatro.

Estoo… ¿ya? ¿esto es en directo? ¿sí? ehh…probando probando… ¡Hola! Al habla Fregocles, ¿se me escucha? ¡por favor no le hagáis daño a Fred! ¿Fred? Tranquilo, ¡todo va a salir bien! ¡pronto volveremos a correr juntos por los prados!

Bueno, hagamos esto bien, nadie quiere que haya heridos ¿verdad? Es muy fácil, os voy a contar lo que hice esa fatídica noche en que todo comenzó, paso por paso. Y digo fatídica, porque si yo os contara… ¡en el follón en el que me he metido! Ains…¡todo sea por mi amada Euclínea! ¿Cómo? Sí sí, al grano, sí… perdonadme, es que ando muy nervioso últimamente con todo el follón que hay en el Olimpo y encima ahora esto de Fred *suspiro*.

Bueno, pues yo llegué aquella calurosa noche de verano a la calle de Hércules, y no creo que haga falta que os explique cuales eran mis intenciones ¿verdad? El caso es que había elaborado un plan maestro que tenía anotado en algún sitio, pero debí de dejármelo en la otra toga porque allí sólo tenía la lista de la compra y un botecito de somnífero que complementaba mi olvidado plan inicial. Así que tuve que improvisar, maldita la gracia.

El muro, el perro y el grillo

Evidentemente la puerta del patio de Hércules estaba cerrada a cal y canto, así que mi opción A fue rápidamente descartada. Mi opción B era saltar ese sucio muro de alguna forma posible, y dado que no soy característicamente alto también estaba complicado. Mirando el muro vi dos carteles, uno de Salchichas Zeus y otro de Viajes Olimpo. El de Viajes Olimpo no se por qué me lo guardé la verdad, era una foto fea y típica de un amanecer. Pero el de Salchichas Zeus es que tenía el tamaño justo para mi diana de dardos, así que me venía ni que pintado para ensayar con el careto de Hércules motivándome jiji.

En fin, cuando estaba cogiendo los carteles empezó a molestarme el típico «cri cri» de un grillo. Sin saber muy bien de donde venía, si de este lado del muro o del otro, decidí seguir mi intuición auditiva y buscarlo por entre las plantitas del suelo. Allí estaba el muy… en pleno ritual de apareamiento, con razón hacía tanto ruido. Como no estoy a favor de la violencia (por favor, ¡no hagáis daño a Fred!) pensé que lo mejor para mis pobres canales auditivos era coger el grillo, maniatarlo y guardarlo en un rincón profundo de mi toga (mmmm, profundo…). Y allí se quedó. Aunque no os creáis, maniatar un grillo tiene su dificultad.

Pero la verdad es que estaba igual que antes: ¡sin mucho más que hacer! Decidí superar mi repulsión inicial y empecé a palpar en ese asqueroso muro, buscando que sé yo qué… ¡y lo encontré! Un poco a la izquierda de la puerta, había un bloque de piedra suelto que quizás podría conseguir sacar. O mejor dicho, empujar, porque hacia fuera no había cuernos a sacarlo. ¡Perfecto! ¡Un hueco perfecto en el que apoyarme para saltar por encima del muro! Estoo… si no fuera por el amable perrito de grandes fauces que pretendía dejarme sin pie a la más mínima oportunidad. ¡Y encima meneaba el rabo para hacerme creer que quería jugar conmigo! ¡Sí hombre, conmigo y con mi pie!

¡Hora de usar el somnífero! No todo, claro, no podía olvidarme de mi recién adquirido archienemigo Hércules. He de reconocer que estuvo un poco complicado, el muy sarnoso del perro no paró de moverse todo el rato. Tuve que esperar a que metiera las fauces en el hueco para echarle un chorreón de somnífero en el hocico, y mano de santo. Cayó redondo en las garras de Morfeo. Acto seguido sólo me quedo trepar el muro usando el hueco para colarme en la casa de Hércules. Me dio un poco de asco tocar el muro de tan cerca, todo sea dicho, ¡pero no podía olvidar mi misión en aquel momento!

Nota: Si quieres seguir leyendo, pasa a la segunda entrega de la guía.
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Una limpia aportación

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